Hubo que esperar a que un galés lo escribiera en inglés para que muchos en España nos enterásemos de lo que habíamos tenido en casa. Masters of Spanish Comic Book Art (Dynamite, 2017), de David Roach, es un tomo de 270 páginas y unas 500 ilustraciones, más de la mitad escaneadas de originales, que cuenta por primera vez de forma completa la historia de nuestros dibujantes, desde las revistas de humor de principios del siglo XX hasta hoy, con parada larga en lo que Roach llama la «generación dorada» de los setenta y ochenta. Ocho nombres llevan perfil propio en la portada: Esteban Maroto, Sanjulián, José González, Jordi Bernet, Enrich, Víctor de la Fuente, José Ortiz y Luis García Mozos. Este artículo es mi lectura de esos ocho, con lo que un coleccionista español debería saber y lo que Roach, desde fuera, ve mejor que nosotros.
Antes conviene entender por qué un libro así lo escribe alguien de Cardiff. Roach (1965) es dibujante, no solo historiador: trabajó en 2000 AD, en DC y Dark Horse, lleva años en el cómic de Doctor Who y ha escrito o coescrito diecisiete libros, entre ellos The Warren Companion y The Art of Vampirella. Es decir, viene exactamente de los dos sitios, el cómic británico y la editorial Warren, donde los españoles trabajaron durante décadas sin que casi nadie supiera que eran españoles. Esa es la tesis del libro y la razón de que exista: una generación entera exportó su talento a través de agencias como Selecciones Ilustradas, cobrando por página y a menudo sin firma, y el público que la admiraba no tenía ni idea de dónde venía.
Esteban Maroto: el art nouveau con espada
Madrileño de 1942, Maroto es el más reconocible de los ocho por una razón sencilla: nadie dibuja como él. Su línea sinuosa, los cuerpos alargados, las composiciones de página que se organizan como vidrieras, todo viene del modernismo y de Alphonse Mucha pasado por la fantasía heroica. Antes de salir al extranjero ya había firmado 5 por Infinito, una serie de ciencia ficción de los sesenta que Continuity reeditó en Estados Unidos como Zero Patrol, y Wolff, publicada en el Reino Unido en la revista Dracula de New English Library. En noviembre de 1971 entra en Warren y, hasta el cierre de la editorial en 1983, dibuja 101 historias para Creepy, Eerie y Vampirella; ganó el premio Warren al mejor autor en 1972 y el de mejor historia en 1973 por «A Scream in the Forest». Para Marvel diseñó el bikini de malla de Red Sonja y dibujó su primera historia en solitario, en el primer número de La Espada Salvaje de Conan; ya contamos ese episodio en nuestro artículo sobre los dibujantes de La Espada Salvaje.
Sanjulián y Enrich: los dos pintores de Vampirella
Van juntos porque el aficionado los confunde y porque, de hecho, se repartieron el mismo trabajo. Manuel Pérez Clemente, Sanjulián (Barcelona, 1941), y Enric Torres-Prat, Enrich (Barcelona, 1938), son los dos grandes portadistas de Warren, y de ellos salen las imágenes de Vampirella, Creepy y Eerie que han acabado en camisetas, litografías y subastas. Ninguno de los dos es dibujante de historieta en sentido estricto: son pintores de cubierta, herederos de la tradición de portada de novela popular que en Barcelona tenía décadas de oficio. La diferencia está en la pincelada. Enrich es más pulido, más fotográfico, con una Vampirella de piel de porcelana y luz de estudio; Sanjulián es más suelto y teatral, con fondos que se deshacen en manchas y un dramatismo de cartel. Si tienes delante una portada de Warren y no sabes de quién es, mira el fondo: si está terminado, es Enrich; si está sugerido, es Sanjulián. Ya hablamos de ambos como el puente con la pintura de fantasía en nuestro número sobre los maestros de la figura pintada.
José González: la Vampirella de verdad
Si Sanjulián y Enrich pintaron la portada, Pepe González (Barcelona, 1939-2009) dibujó el interior, y para la mayoría de los lectores de Warren él es Vampirella. Venía del cómic romántico británico, donde la agencia lo había tenido años dibujando chicas para revistas femeninas, y esa escuela se nota: su Vampirella no es una pin-up de fantasía, es una mujer con gesto, con peso y con una elegancia de ilustración de moda que nadie más consiguió. Dibujó la serie de forma casi continua durante los setenta, y hoy sus páginas originales de Vampirella están entre las más caras de cualquier artista español. Dato para el coleccionista: fue un dibujante lento y perfeccionista, con una producción menor que la de sus compañeros, así que lo que hay es lo que hay.
Jordi Bernet: el negro como idioma
Bernet (Barcelona, 1944) es el único de los ocho cuya obra mayor es española y reciente, y por eso Roach lo trata como leyenda viva. Hijo de dibujante, empezó con humor, pasó por Alemania y Bélgica, y encontró su voz con Torpedo 1936, los guiones de Enrique Sánchez Abulí sobre un sicario de Nueva York que él convirtió en una lección de mancha negra: pocas líneas, mucha tinta, y un sentido del gag cruel heredado de Alex Toth, a quien ya dedicamos un artículo. Después vinieron Clara de noche, Kraken y, en Estados Unidos, Jonah Hex para DC, donde el lector americano descubrió lo que llevábamos décadas viendo en Creepy de Toutain. De los ocho es el más fácil de leer hoy, porque todo sigue en catálogo, y el más fácil de reconocer: si una viñeta tiene un sombrero, una pistola y la mitad del espacio en negro, es Bernet.
Víctor de la Fuente: el maestro que casi nadie nombra
Asturiano de 1927 y fallecido en 2010, De la Fuente es el que más se beneficia de que el libro exista, porque en España su nombre circula menos del que merece. Hizo carrera en Chile en los cincuenta, volvió a Europa y trabajó sobre todo para el mercado francés, donde series como Haxtur, Haggarth y Los Ángeles de acero lo colocaron en la misma mesa que los grandes de Pilote. Su dibujo es de una limpieza que parece fácil hasta que intentas copiarla: anatomía perfecta, sin rayado decorativo, con un sentido del movimiento que viene de la ilustración de aventuras clásica. Haxtur, un guerrero perdido en un mundo que es a la vez mitológico y de ciencia ficción, es una de las mejores obras de fantasía heroica hechas en Europa, y lo decimos en una web donde la fantasía heroica es casa.
José Ortiz: el obrero de lujo
Ortiz (Cartagena, 1932-2013) es el ejemplo perfecto de lo que Roach quiere contar: un dibujante de producción inmensa, sin firma durante años, que trabajó para el cómic británico (en 2000 AD y las revistas de guerra de Fleetway), para Warren con decenas de historias y, en España, para Hombre, la serie postapocalíptica con guion de Antonio Segura que es, para mí, su obra maestra. Tenía una tinta rápida, sucia y expresiva, muy distinta del preciosismo de Maroto o de la limpieza de De la Fuente, y una capacidad de narrar con cualquier guion que lo hizo imprescindible para editores de tres países. Roach lo trata con justicia porque, al ser también dibujante de 2000 AD, sabe lo que supone sostener una serie semanal sin bajar el nivel.
Luis García Mozos: el que dejó el cómic
García (Puertollano, 1946) es el caso más melancólico y por eso cierra la lista. Fue, con Maroto y Carlos Giménez, uno de los nombres del Grupo de la Floresta, el colectivo de dibujantes que a finales de los sesenta intentó hacer cómic de autor en España; dibujó para Warren con un realismo de referencia fotográfica asombroso, firmó Nova 2 y Chicharras con guion de Felipe Hernández Cava, y a mediados de los ochenta dejó la historieta para dedicarse a la pintura. Su producción en viñetas es corta, exquisita y difícil de encontrar, y su presencia en el libro de Roach es, en parte, una reivindicación: la de un talento que el medio no supo retener.
Los ocho, de un vistazo
| Autor | Nacimiento | Dónde brilló | Obra para empezar | Cómo reconocerlo |
|---|---|---|---|---|
| Esteban Maroto | Madrid, 1942 | Warren, Marvel | 5 por Infinito; sus historias de Vampirella | Línea sinuosa, páginas como vidrieras, cuerpos alargados. |
| Sanjulián | Barcelona, 1941 | Portadas Warren | Cualquier recopilatorio de portadas de Vampirella | Pincelada suelta, fondos sugeridos, dramatismo de cartel. |
| José «Pepe» González | Barcelona, 1939-2009 | Warren (interiores) | Los tomos de Vampirella de los setenta | Elegancia de ilustración de moda, rostros con gesto real. |
| Jordi Bernet | Barcelona, 1944 | España, Europa, DC | Torpedo 1936 | Mancha negra, pocas líneas, humor cruel. |
| Enrich | Barcelona, 1938 | Portadas Warren | Portadas de Vampirella de los setenta | Acabado pulido, luz de estudio, piel de porcelana. |
| Víctor de la Fuente | Asturias, 1927-2010 | Francia | Haxtur | Anatomía limpia, sin rayado, movimiento clásico. |
| José Ortiz | Cartagena, 1932-2013 | Reino Unido, Warren, España | Hombre | Tinta rápida y sucia, narración de serie semanal. |
| Luis García Mozos | Puertollano, 1946 | Warren, España | Nova 2, Chicharras | Realismo de referencia fotográfica, producción corta. |
Los que Roach incluye y aquí no caben
El libro perfila a más de ochenta autores, y los ocho de la portada son solo la primera fila. Carlos Giménez, Fernando Fernández, Luis Bermejo, Alfonso Font, Josep Maria Beà, Antonio Segura como guionista, y unos veinte dibujantes actuales que demuestran que la exportación no se ha detenido. A cualquiera que lea inglés le recomiendo comprarlo mientras siga en catálogo, porque los libros de arte de este tipo rara vez se reeditan y, cuando desaparecen, pasan directamente al mercado de segunda mano con sobreprecio. Y a quien no lea inglés le recomiendo comprarlo igual: el texto es importante, pero las quinientas ilustraciones, muchas de originales que nunca se habían reproducido bien, hablan solas. Para el coleccionista de arte original español, además, es una herramienta de trabajo: cuando una página aparece en el mercado, poder cotejarla con la reproducción de Roach vale más que cualquier certificado.
Si después de esto quieres entender la parte más oscura y más sensual de esta generación, la de Warren y Toutain, ya la contamos en los maestros que convirtieron el cómic en una pesadilla erótica. Y si lo que te interesa es cómo se compra y se guarda una página de estos autores, empieza por nuestra guía para entrar en el mundo del arte original.
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